PEDROGRANADOSGIL

Silencio

Hoy me han pedido que escriba algo y pensando en algún tema que exponerles me ha llegado una sensación de cansancio, no quiero decir nada, si… me apetece estar en silencio, así que os daré mi opinión, por supuesto discutible y discrepable, sobre EL SILENCIO. Es un valor que hoy en día no se practica o es difícil en el mundo occidental, parece incluso en muchas ocasiones que esté mal visto, sino hablo significa que no sé, pues estoy cansado de hablar , no quiero decir nada, en situaciones en las que el silencio sobrepasa los 8 segundos, incluso menos, se activan mecanismos de defensa que en este caso ayudan a tapar esa sensación incomoda de estar en silencio, muchas veces incluso miedo, ¿porqué sentimos miedo? es en ese momento en que se corre el riesgo de encontrarte contigo mismo y no estamos acostumbrados a eso, una exploración a fondo es correr el riesgo de conocerte, por lo tanto descubrir partes oscuras, el silencio es como a invocar a la muerte, la nada, el vacio. Hay otra cara y es aquello que si no dices puede ser insano, cuando la persona se hace infranqueable, es un silencio doloroso. Durante muchos años pensé que, en una conversación el que hablaba era el que tenía el control, como una especie de sometimiento de las ideas hacia el otro, no es así sino todo lo contrario, el que escucha en silencio y observa es el que está más en disposición de gobernar la situación. Así que hablamos y hablamos, bla bla bla, y es que es inevitable nuestra idiosincrasia latina, todos hablan sin parar, políticos, gobernantes, periodistas, tertulianos, psicólogos, dietistas, coachings, educadores, expertos, todos nos dicen cómo hay que hacer las cosas, ellos saben perfectamente lo que tenemos que hacer y te lo dicen, si, te dicen lo que has de comer, lo que has de hacer, lo que has de pensar, como has de educar a tus hijos, en alguna ocasión lo he hecho, solo tú y nadie mejor que tú sabe más y mejor lo que tienes que hacer y qué es lo que necesitas. Todos somos tristes mortales, aunque vivamos como si no fuese así, no tenemos conciencia de la muerte, todas las personas que conocemos van a morir, tu padre, tu madre, tus hijos…no es una visión catastrofista es una realidad por mucho que no guste o asuste.

Teniendo en cuenta que el lenguaje verbal tan solo ocupa alrededor del 16% de la comunicación, insistimos en usarlo sin medida y por el contrario la poca atención que le damos al cuerpo. Cuando se instala el silencio, aparece el cuerpo, el instinto, y ¡claro! eso nos asusta, resistencias y mecanismos se activan en forma de palabras porque no pensar está mal visto, el instinto nos da miedo, y sino que se lo digan a la pareja del metro del Liceu que no pensaron, esos impulsos que interpretamos como “idas de olla” o incluso abuso de drogas, no siempre son así,(no significa que apruebe lo del metro) el cuerpo nos da información y de la buena, somos tri-cerebrados, somos racionales que pensamos, emocionales que sentimos y corporales que intuimos y actuamos y son entre estas partes donde suelen surgir nuestros propios conflictos, ya que en esa ardua gestión muchas veces es difícil ponerse de acuerdo entre ellas, del cerebro reptil (impulsos) al cerebro racional (pensamientos) son carreteras de alta velocidad, la información llega muy deprisa, sin embargo del cerebro racional al cerebro reptil son carreteras secundarias de muchas curvas y en mal estado, tardamos mucho mas. Freno en un semáforo en rojo, la cabeza me dice ¡cuidado! “me pueden multar”, sin embargo, el cuerpo me dice ¡cuidado! “puedo hacer daño a alguien”, es más honesto, más humano, de ahí la importancia de saber que parte de nosotros ha de ser escuchada. Los silencios en la música son necesarios para que el músico respire.

Cada día que pasa me cansan más las palabras, puede ser que por fin haya crecido, puede ser que el hecho de que haya personas que no me quieran no sea para mí algo tan importante, que ya no tenga esa necesidad, o que haya aprendido a disimularlo. Casi siempre hago lo que me da la gana, igual que tu, y es ahora, que guardo silencio cuando alguien me dice que podría haber hecho las cosas o actuado de otra manera, he aprendido a no responder, no tengo más ganas de convencer a nadie, como dice una canción de Raphael, " que sabe nadie" si muchas veces ni yo mismo se que quiero. Bueno, ésta es ahora mi sensación y me gusta como siento, porque cuando pienso, me doy cuenta de que no sé nada de nada., así que os animo a no contestar, a no justificar cada cosa que hagas, incluso a no dar las gracias, o si las das que sea con el cuerpo, una sonrisa, una mirada, una caricia, con cada pequeño silencio recibirás una inyección de autoestima.

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